Conmemoran el legado de la primera generación de egresados de Ingeniería Civil
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Conmemoran el legado de la primera generación de egresados de Ingeniería Civil
Los primeros estudiantes de la carrera en el ITESO ocuparon las aulas de la universidad entre 1958 y 1963. Su apuesta por un proyecto que apenas comenzaba ha dado vida e identidad a una gran comunidad que homenajeó sus trayectorias.
Ximena Torres
Hace 63 años se graduaron los primeros ingenieros civiles del ITESO. Ese grupo de seis jóvenes enamorados de las matemáticas y la física se encontró en la Casa ITESO Clavigero para recordar cuando jugaban rayuela afuera del edificio con el número 363 de la calle Independencia (la primera sede del ITESO en el centro de Guadalajara), las lecciones del profesor José Guillermo Tapia, “El Barbitas”, y su viaje de estudios a Estados Unidos en el verano de 1963.
La reunión se concretó gracias a los esfuerzos de la Asociación de Ingenieros Civiles del ITESO y la Oficina de Egresados, pues ambas instancias deseaban reconocer el legado de esta generación pionera a través de sus propias voces. Por eso la actividad contó con la presencia de los ingenieros Carlos Alberto Valencia Pelayo, José Manuel Sepúlveda Enríquez, Salvador Ibarra Álvarez del Castillo y Mauricio Aguirre Zaragoza, quien fue el primer alumno inscrito en el ITESO y hasta hoy mantiene activo el expediente 00001.
No faltaron el reconocimiento y los aplausos a los compañeros fallecidos: Jorge Alejandro Fernández Barragán y Jorge Eduardo Martínez Gallardo de la Peña. Aunque su presencia no es física, “su legado permanece vivo”, reconocieron.
Además de su interés por las grandes obras de infraestructura y edificación, los primeros estudiantes de Ingeniería Civil tenían otra cosa en común, la seguridad de que formarse en una institución confiada en la Compañía de Jesús los dirigiría por un camino de excelencia, tanto profesional como humana.
“Se inició la obra del ITESO y yo tenía mucha confianza porque estaban haciéndolo por medio de los señores padres jesuitas. Y yo encantado de la vida porque confío mucho en ellos y son excelentes maestros”, contó José Manuel Sepúlveda, quien había egresado de la preparatoria del Colegio Cervantes en Guadalajara.
Salvador Ibarra Álvarez del Castillo siguió el mismo camino formativo desde la educación media superior. Luego, en las décadas posteriores a su graduación universitaria, su liderazgo lo llevó a presidir la Cámara Nacional de la Vivienda; ITESO, AC, y a ser consejero del Banco de México.
“Aquí estamos, después de 60 años, con una marca que ha dejado huella en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Estoy muy agradecido por este homenaje”, dijo Ibarra a los familiares, amigos y estudiantes que asistieron a la Casa ITESO Clavigero interesados en las trayectorias que convirtieron a los ingenieros en profesionistas destacados no solo en la escala local, sino también en la nacional.
Ellos fueron los que sin ver creyeron
Alexander Zatyrka Pacheco, SJ, rector del ITESO, también asistió a la conmemoración. Para destacar el legado de la primera generación de Ingeniería Civil recordó las palabras inscritas en la fuente conmemorativa del trigésimo aniversario de la universidad, que se encuentra entre la Rectoría y la Cafetería Central del campus: “Bienaventurados los que sin ver creyeron [Juan 20: 27-29]. Bienaventurados los que viendo continúan creyendo”.
Con esa frase el Rector reconoció el espíritu abierto de los homenajeados a la construcción y a transformar el mundo, quienes decidieron formar parte de un proyecto que aún no tenía tradición, pero sí un propósito.
Y sí que tuvieron confianza en el nuevo proyecto, pues aunque ellos estudiaron de 1958 a 1963, no pudieron titularse hasta después de 1976, el año en el que el ITESO recibió el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios por parte de la Secretaría de Educación Pública.
Pero esa demora nunca los detuvo, ni en espíritu, ni en la práctica. Cuando los ingenieros estudiaban en el centro de Guadalajara, frente a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, bromeaban con apartar un lugar en el sitio de memoria histórica, por la brillante carrera que les esperaba, recordó Sepúlveda. Cuando terminaron su periodo formativo, no esperaron para comenzar su trayectoria laboral y fueron la mejor muestra de que “el hábito hace el monje”, mencionó Valencia.
Zatyrka Pacheco también reflexionó sobre la segunda parte de la frase acerca de “los que viendo continúan creyendo”. Así se refirió a la inspiración que los primeros “itesianos” sembraron en generaciones venideras para seguir en la construcción de un proyecto que, “si bien incorpora las estructuras físicas que hoy constituyen a nuestra universidad, no tendría ningún sentido sin la estructura humana”, dijo el Rector.
Entre el trabajo destacado de Salvador Ibarra está la fundación de Grupo San Carlos y su participación en la edificación del Auditorio Pedro Arrupe, el Edificio W y la primera etapa de la Biblioteca del ITESO. José Manuel Sepúlveda tuvo un gran éxito como líder de Maderería La Mexicana. Carlos Alberto Valencia fundó la Constructora Autlense y fue presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción en Jalisco. Mientras que Mauricio Aguirre Zaragoza consolidó una prolífica relación laboral con el Grupo Modelo en Guadalajara.
“¿Qué significa ser primera generación? Significa abrir camino, como buenos ingenieros que somos. Significa construir los primeros cimientos sobre los cuales otros hemos continuado. Gracias a ustedes, hoy existe una comunidad sólida de ingenieros civiles egresados del ITESO. Gracias a ustedes existe una identidad que nos une y nos da sentido de pertenencia”, les dijo a los festejados Inocencio Pacheco Vera, presidente de la Asociación de Ingenieros Civiles del ITESO.
Y en atención a esa comunidad, los compañeros de la primera generación terminaron el encuentro ofreciéndoles algunos consejos para su futuro profesional. Resaltaron dos recomendaciones de Valencia: aparejar la ingeniería con la administración de obras y trabajar en equipo (en grupos de empresas o consorcios) para lograr aquellos grandes proyectos de edificación. “Sin relaciones no se dan las obras, ni pequeñas ni grandes”, puntualizó.
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